Once upon a time

thaddeus-maharaj-way-to-the

 

Y lo que a la princesa nunca le contaron, es que hay afectos que duelen, amores mal entendidos que marcan la piel y hieren el alma, silencios que castigan, miradas que hielan, abrazos que aíslan.

Lo descubrió ella misma entre lágrimas. Lo vivió con miedo, con pena. Lo lloró con furia.

Tiempo después lo vistió de indiferencia, dejándolo a un lado, justo en la verita del camino, junto a los cuentos de hadas, príncipes azules, zapatitos de cristal y caprichosas perdices.

Ahí lo dejó, todo amontonado, el día que desapareció.
No fue fácil renunciar a un reino.
Pero mereció la pena tan solo por descubrir qué había más allá, al otro lado del bosque.

Susana Álvarez.

Nota. Relato premiado en el 4°concurso de Microrelatos Dones veu a les dones? Ajuntament Montcada i Reixac

 

Anuncios

Love Life

pexels-photo-580631.png

Lo recuerdo como si fuera ayer. La noche en que todo se sumió en la más absoluta oscuridad.

Desperté con la sensación de que me habían dado un golpe en el estómago tan fuerte que me había quedado sin respiración. Inhalé con tanta intensidad que al pasar el aire por mi garganta desprendió un sonido gutural. El corazón me palpitaba tan rápido que temía que me estuviera dando algún ataque o sufriendo un episodio de ansiedad. Es lo que tiene la edad, que cada vez que te la recuerdas te vuelves más hipocondríaco. Leer más “Love Life”

HUMO

Según mi nariz, mi padre era tabaco o betún.
Me fascinaban sus zapatos negros y las volutas grises que escapaban de su pipa de caoba, cuando de su mano recorría el empedrado del gueto. Yo le seguía aferrado a su abrigo como si fuera el vagón de un tren.
Nos mudaron lejos de Praga. Ya no fumaba, pero las cenizas tiznaban su rostro. Ya no llevaba zapatos, el barro succionaba sus pies.
“Nunca te abandonaré”, susurró junto a las chimeneas. “Saldremos juntos de esta”, prometió bajo el aguacero.
Sobreviví como zapatero de botas negras y miradas grises.
Según la dirección de mis ojos, mi hogar era fosa o alambre de espino.
Mi padre acabó convertido en lo mismo que sus promesas.

 

Carlos Di Urarte

LA SIRENA. Capítulo I

Perdí mi alma cuando tenía trece años, sin siquiera haber desayunado. Bajé de la cama de un salto cuyas consecuencias funestas no descubriría hasta muchos años después. Si en vez de levantarme de madrugada, antes de que la primera luz del alba asomase en el horizonte, si en vez de salir de mi hogar con un cuchillo corto, el abrigo de piel de oveja de mi abuelo, y las aspiraciones soñadoras que sólo un adolescente podría tener, si en vez de ello me hubiese quedado en la cama, quizá hubiese sido más feliz. O quizá no, pues los hados son caprichosos, y gustan de hacernos divagar con sus: “y si”. Leer más “LA SIRENA. Capítulo I”

LA SIRENA. Prólogo.

El Marrano

Las bisagras de hierro protestaron con un chirrido de rata aplastada. La puerta de mi celda se abrió lentamente, como si el visitante temiese encontrar un monstruo agazapado en la penumbra. En vez de un monstruo, solo estaba yo, encadenado a la pared, con mis pies a dos palmos del suelo anegado y mis muñecas ancladas a la piedra negra con argollas herrumbrosas.
El brillo de la antorcha que portaba el recién llegado me hirió el ojo sano y me hizo apartar la vista. Apreté la mandíbula al notar miles de agujas clavarse en mi pupila. Tras varios días sumido en la más completa oscuridad, el mero atisbo de una llama me laceraba la mismísima alma. Supongo que, para mi visitante, eso sería una prueba más de mi condenación, temeroso del fuego purificador. Leer más “LA SIRENA. Prólogo.”

La caída

Este es un relato que escribí para un concurso de Portal del Escritor. La idea es, sin exceder las 2000 palabras, escribir sobre una idea pregenerada aleatoria. A mí me salió lo siguiente:

“En una inmensa ciudadela viva, que crece cada día,  donde convive la magia con la tecnología, una aprendiz de hechicería busca un antiguo amor, portador de un secreto que puede salvar su mundo.”

Y aquí lo tenéis.

 

La Caída

Yo tenía tres años la noche que la diosa cayó.

Dicen que los que vislumbraron su cuerpo desplazarse por el firmamento se quedaron ciegos al instante, y que su última visión fue la de una esplendorosa incandescencia seguida de una estela verde que partía en dos la oscuridad.
Recuerdo que dormía abrazada a Osito, mi búho de peluche favorito, y me despertó el estruendo del impacto. Lloré y chupé la punta de una de sus alas, ya deformada por mis atenciones, hasta que mis padres vinieron a consolarme. Leer más “La caída”

La Bella durmiente

2011-DEC-Describing-Her-only-friend-by-Edli-247x300
Imagen sacada de la red

Cuando el hada madrina llegó al castillo y entró volando por la ventana en la habitación de la princesa, supo al momento lo que necesitaba aquella joven que dormía plácidamente.

Agitó su varita  y ante ella apareció.

El enorme dragón se acercó a la cama donde yacía la joven y con su cálido aliento acarició su mejilla.

La princesa , soñolienta, abrió los ojos perdiéndose en el verde intenso de esa mirada que la acechaba. Se incorporó, sonrió agradecida al hada madrina y alzó los brazos.

El dragón la asió con mimo entre sus garras, y en la ventana desplegó sus alas desapareciendo en el horizonte.

*Microrelato presentado en estanochetecuento.com diciembre 2017

Susana Álvarez

 

Consejos para presentar tu manuscrito a las editoriales

¡Buenas!

Esta entrada del blog va a ser diferente de lo normal, ya que ni va a ser un texto narrativo, ni una reseña. En esta entrada os voy a explicar cómo presentar vuestro manuscrito a una editorial, para minimizar las posibilidades de rechazo. No hay trucos milagrosos, pero igual a alguien le sirve.

Ya he visto entradas similares en blogs variados, algunas con parte de verdad, otras totalmente equivocadas. La mayoría de quienes escriben esas entradas son escritores/as (con más o menos éxito, normalmente lo segundo) que explican como creen que deben presentarse los manuscritos a las editoriales, con una serie de pasos y requisitos formales un tanto ridículos. Resulta aún más sangrante que, quienes dan esos consejos, se han autopublicado. No tengo nada en contra de la autopublicación, pero no se puede decir que eso otorgue experiencia en el trato con una editorial, ¿no? Leer más “Consejos para presentar tu manuscrito a las editoriales”

Espiritismo II

Segunda y última parte de este capítulo de otro de mis proyectos.

Anteriormente, en “Espiritismo I”:

******************************************************

—Siéntese, Monsieur Etienne. Pongamos bajo control nuestra fuerza vital, y el portal se estabilizará. Saquen los talismanes —dijo imperativa Madame Akasha.

******************************************************

Etienne estuvo a punto de enviar al infierno a todos los presentes. Temió que le hubiesen envenenado, pero no había tomado nada desde hacía horas. Pensó que quizás las velas, al arder, estaban liberando algún compuesto tóxico o alucinógeno, pues el olor le resultaba sumamente desagradable, pero entonces no debería haberle afectado sólo a él. Al final decidió que era culpa solo suya, y volvió a sentarse, pero sin ganas de abrir la boca. Se mantuvo inclinado hacia delante, con respiraciones lentas y profundas, buscando una serenidad que se le escapaba de las manos. Notó que el corazón le palpitaba desbocado, y cuando más pensaba en ello, más se le aceleraba. Con la mirada enturbiada por el mareo, vio como cada uno de los presentes sostenía entre sus manos un objeto. Leer más “Espiritismo II”

Espiritismo I

Esto forma parte de otro proyecto. Es el inicio de un capítulo de una novela ambientada en una Barcelona alternativa, a principios del siglo XX. Es un borrador pendiente de cambios, pero ya es legible. Espero que os agrade.

Carlos Di Urarte.

******************************************************

El salón de invierno de la mansión del Marqués Etrius era una habitación sombría, y desde que puso un pie en él, Etienne sintió aprensión. Había cierta solemnidad fúnebre en la sala de techos altos y paredes cubiertas de paneles de teca. Comunicaba con un comedor adyacente gracias a unas puertas dobles que estaban cerradas, pero se abrirían para la cena. El salón estaba a su vez dividido en dos espacios. Uno compuesto por tres sofás verdes de terciopelo, situados en forma de herradura frente a una chimenea, y otro que conformaba una pequeña biblioteca, con estanterías en dos paredes adyacentes, y un ventanal emplomado.

Examinó la decoración con un vistazo rápido: el globo terráqueo que en realidad era un botellero, sostenido por un titán de bronce oxidado; la crisoelefantina de una geisha, serena y perfecta en su timidez, que ocultaba su rostro con un abanico; las velas en los candelabros sobre las mesitas auxiliares; y las lámparas de aceite en las paredes. La luz tenía cierta cualidad sepulcral, mórbida, como si estuviese entrando en una capilla o cripta románica. El silencio que sucedió a su entrada no hizo sino acentuar esa sensación. Parecía que era el último en llegar, y además desconocía al resto de los invitados. Un criado le recogió el abrigo, dejando al descubierto su pistola en su funda sobaquera. Leer más “Espiritismo I”