La carretera (The Road, Cormac McCarthy, 2006)

La carretera. Una de las pocas novelas de género que ganó el prestigioso premio Pulitzer, y lo hizo  en 2007. Y de forma muy merecida. La carretera es una fábula, una alegoría de la condición humana, y del amor paternal. Y todo ello revestido de una pátina de desasosiego y desesperanza. Es una novela corta que está barnizada de un horror lento, que te carcome.

Un padre y un hijo (anónimos, no nos importan sus nombres), caminan por las desoladas carreteras de unos Estados Unidos post-apocalípticos. No nos importan los nombres, porque el autor los pone como protagonistas, pero son secundarios. Es la soberbia ambientación, romántica, oscura, desgastada y terrible, la verdadera protagonista. El lector avanza por un páramo junto a ellos, y es imposible no preguntarse qué haría en esa situación. Es difícil no detenerse unos minutos, y pensar que el suicidio no es una mala salida. Que el horror, la enfermedad, el frío (capaz de partir piedras) es demasiado duro. Y todo con una prosa lírica y sencilla. Evoca con pinceladas simples toda una amalgama de sentimientos. A veces se detiene en exceso, por ejemplo describiendo los laberínticos patrones de los lomos de las truchas que nadan… pero todo tiene un motivo. ¿Qué ocurrió? ¿Por qué el mundo se fue a la mierda? No importa tampoco, porque la novela es intimista. Es un drama postapocalíptico para pensar en el horror del género humano. Y Cormac no teme horrorizar. Hay caníbales, sí… pero no son zombies o infectados  sin nombre que corren o se tambalean hacia los protagonistas. Son personas que han caído en un pozo terrible, y han visto que esa es su única salida. Y el padre y el hijo cuelgan por las yemas de los dedos de ese abismo.

Tiene, pegas, por supuesto. La primera es que si no se entiende como una fábula, y se espera una  novela de salvajes a lo Mad Max en un invierno nuclear, o de infectados que corren con armas oxidadas, o de esclavos utilizados como despensas o ganado, o de cualquier cosa similar, se va a llevar un chasco. Porque sí, hay todo eso, y mucho más. Pero la supervivencia, que es la meta del padre y el hijo, no es una excusa para hacer una novela de acción. Es una excusa para desgranar retrospecciones en forma de pequeñas escenas autoconclusivas, flashbacks con su propia moraleja, que van añadiendo clavos a la muerte de la esperanza. Y el lector cada vez se sentirá más enfangado, paralizado en melaza, como un insecto en ámbar.

Es una novela lenta. Muy lenta. Puede llegar a aburrir si se espera algo “palomitero”. Quien busque escenas rápidas, y acción se va a llevar un chasco. Son 224 páginas de dos personas andando. También es una novela muy dura. Porque te hace pensar, y si el lector tiene hijos, igual sentirá ganas de llorar, o de decir a sus hijos que les quiere. Con eso en mente, que cada cual tome su decisión.

Del autor diré que McCarthy está considerado uno de los mejores escritores de su tiempo, y se le ha comparado hasta la saciedad con William Faulkner. Es un escritor pausado, detallista, y muchas de sus obras han sido llevadas al cine. La que nos ocupa también: (The Road (La carretera), por John Hillcoat, protagonizada por Viggo Mortensen, Kodi Smit-McPhee, y Charlize Theron), pero seguro que cualquiera ha oído hablar de No es país para viejos, basada en otra de sus novelas. La película de La carretera cumple de forma honrosa… pero la prosa de McCarthy es imposible de trasladar a una pantalla.

En resumidas cuentas, una novela dura, muy dura, sin necesidad de describir de forma explícita lo horrible de lo que sucede. Aunque también tiene algunos momentos “gourmet”. Una novela para pensar un poco, y sufrir.

Carlos Díaz

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Autor: Carlos Di Urarte

Lector profesional especializado en fantasía, ciencia ficción y terror. Ex-librero entusiasta. Blogger criticón. Padre y esposo.

2 comentarios en “”

  1. Es curioso: es la última novela que le regalé a mi padre antes de que falleciera. Teniendo en cuenta la temática del libro, el simbolismo es evidente.

    Al margen de este hecho -casual o vaya ud a saber de qué tipo- es una de mis novelas favoritas. No es acción, efectivamente. Ni si quiera tiene una disposición cronológica de demasiados hechos. Es sencillamente una reflexión, una fábula como muy bien dices. La película no desmerece, de hecho la tengo en mi lista de buenas adaptaciones al cine, con una fotografía bestial (la mayoría por ordenador, me di cuenta después) y una interpretación cautivadora.

    Saludos y enhorabuena por el blog. Lo he descubierto gracias a una amiga por FB y va directo a la lista de seguimiento. Un abrazo.

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