Kraken de Óxido

Presento un relato que presenté para el concurso de relatos que organizaba TMB en Barcelona. El requisito era no exceder 3500 caracteres, y que tuviese lugar en el metro o autobús de la ciudad condal. Creo que no es lo que se esperaban, y no quedó ni finalista. Sospechaba que podría pasar, porque intenté hacer algo dferente a la enésima historia de amor que tiene lugar en un vagón cuando dos desconocidos cruzan miradas.

Aunque también puede ser que simplemente es malo, no voy a ser egocéntrico. No soy yo quien debe decidir eso.

KRAKEN DE ÓXIDO

El viejo arrastra las botas gastadas por el andén. La niña le sigue. De vez en cuando el anciano da cuerda a su linterna, creando un fino haz de luz que apenas consigue iluminar las primeras letras del nombre de la estación. Negro sobre lila, enmarcado en tinieblas.

—Hubo un tiempo en que los gusanos de hierro y latón surcaban estos caminos. Horadaban con sus fauces los senderos ocultos de la tierra, permitiendo delimitar los confines del mundo conocido.

—¿Por qué hacían eso? —pregunta la niña.

—¿Por qué? Algunos dicen que eran siervos de un dios, que marcaba sus territorios con esa señal —movió la linterna hacia unos restos oxidados, donde antaño había un mapa junto a un tótem amarillo. Encima, unas siglas.

—¿TMB?

—Era el símbolo de su deidad. Todavía hoy, a veces, encontramos restos de los ropajes de sus sacerdotes. Rayas rojas y blancas, pantalones grises. Y un aparato pesado y gris. Servía para distinguir a los fieles de los impíos. Pitaba en su presencia.—La niña escucha, maravillada. —Pero les abandonó, y se separaron. Dividieron sus territorios en los colores de la guerra que conoces. Somos los Doses Lilas, y hasta que no surja un líder que nos unifique, estamos condenados a luchar entre nosotros por lo poco que nos dejaron. Ahora vamos a un patio de batalla, el llamado Pau. La pequeña contempla el pañuelo lila de su muñeca, y la bandana del anciano, del mismo color.

—Entonces… ¿antes los Treses Verdes no eran caníbales?

—Eso dicen. Pero no hay que creerse todas las historias. También dicen que, en los túneles inundados de Sants, hay un kraken.

—¿Un kraken?

—Una bestia blanca, ovalada y retorcida, bajo el agua negra. Duerme sin soñar, con sus ojos de cristal apagados. Hay quien cree que cuando TMB regrese, aplastará a los infieles con sus tentáculos de raíles chirriantes.

La niña escudriña las vías, en la oscuridad, y se aparta del borde del andén. Continúan caminando en silencio. El anciano vuelve a hacer girar la dínamo, y arroja su luz como un sedal. Es la mirada luminosa de un dios miope, un cíclope eléctrico que hiende la oscuridad y revela la herencia muerta de los antiguos. Seres que se destruyeron a sí mismos. Ascienden las escaleras de hierro, y los dientes de metal apenas dañan los pies descalzos y curtidos de la niña. Bajan a los raíles herrumbrosos, y caminan a ciegas durante varios minutos. Trepan al nuevo andén. El anciano comprueba su mapa. Una gota cae.

De pronto, escuchan el palpitar del metal lejano: alguien está golpeando las tuberías. Señales entre estaciones. El anciano calla, se agazapa, silencia a la niña que no es su nieta, pero la quiere como si lo fuera. Otros responden. Reanudan la marcha poco después.

Cuando llegan al hall, perciben el runrún del generador grasiento, y el olor a carne quemada. Ven cuerpos apilados, despojados de sus ropas amarillas, que cuelgan de los fluorescentes fundidos como trofeos. Un explorador se acerca.

—Saludos. Lo hemos reclamado. Cogimos a los meados con la guardia baja, y les tronzamos a chispazos. Tienes que cablear por allí y… ¿qué miras, niña?

—Le estaba explicando las historias de la zona. Es la primera vez que sale de su parada, y esto es nuevo para ella. —dice el anciano.

—¿Quieres preguntarme algo, pequeña?

—¿A dónde llevan esas escaleras? ¿A la superficie?

Los adultos se miran. El explorador se mesa la barba grasienta con la mano repleta de cicatrices.

—¿Cuántos años tienes?

—Once.

—Eres muy grande para ir diciendo esas cosas. La superficie no existe.

Carlos Díaz.

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Autor: Carlos Di Urarte

Lector profesional especializado en fantasía, ciencia ficción y terror. Ex-librero entusiasta. Blogger criticón. Padre y esposo.

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