Literatura

mujer-misteriosa

 

Eran 30. Avanzaban por Plaza Cataluña en dirección a las Ramblas. Una señora, de pelo cardado y canoso, paseaba con su nieto. Al verlos, cogió al niño en brazos y cruzó la calle.

Ya en las Ramblas, un pastor alemán comenzó a ladrarles. En su hocico brillaba una espuma blanca. El dueño, al no poder dominarlo, desapareció tras las puertas de un bar. Alertada por los ladridos, una chica que gritaba a su novio, se parapetó detrás del chico.

Dejaron las Ramblas atrás al adentrarse en la primera callejuela que había a su izquierda. Justo en ese momento, una mujer, dejaba un calcetín blanco huérfano en el tendedero.

Se pararon al llegar a un edificio antiguo. En la entrada había una placa dorada, en la que figuraba en letras negras “Ateneo Barcelonés”. El sol de media tarde, inundaba de luz el patio interior relegando a las farolas de forja a meros elementos decorativos. Las ventanas del primer piso dejaban entrever partes de la Biblioteca; techos artesonados de madera, estanterías repletas de libros de todos los tamaños y colores. Se podía adivinar, incluso, el olor a cuero y papel viejo de aquella estancia, que poseía una luz cálida, anaranjada.

El conserje, un hombre de mediana edad, leía el periódico, sentado frente a su mesa. Los botones de su camisa azul, luchaban por mantener sus puestos a cada inhalación. Alzó la vista y sintió frío. Frente a él, había un grupo de figuras humanas con el rostro difuminado. Todos vestían con camisa y pantalón anchos de color blanco. Eran idénticos en sus medidas y en su forma.

Uno de ellos se dirigió al conserje:

—Disculpe, queríamos hablar con el profesor de escritura creativa que lleva al grupo Poe. Creo que se llama Paco Antúnez—dijo con una voz monótona, un eco que retumbaba en las paredes.

—Eh…sí. El profesor del grupo Poe es Paco… —apenas pudo decir el conserje. Frotó sus ojos con fuerza y los volvió a abrir, temiendo que su miopía hubiese avanzado a marchas forzadas y sin previo aviso.

Aquel ser extraño se acercó al conserje hasta quedar a un palmo de él —Díganos dónde está—No había boca, ni ojos, ni aliento. Sólo la voz.

—Eh… bueno… él está en el tercer piso, segunda puerta a la izquierda. Por esas escaleras llegarán —balbuceó el conserje señalando con un tembloroso dedo índice en una dirección.

El conserje los observó mientras subían por las escaleras. Andaban igual; brazos dejados caer a los lados del cuerpo, cabeza recta, hombros hacia atrás y paso lento. Al verlos desaparecer por el final de la escalera, se lanzó al teléfono. Debía avisar a Paco. Comunicaba.

Al llegar a la tercera planta, tras la puerta que les había indicado el conserje, escucharon una voz que decía “ Hola Susana, estamos en la unidad didáctica 12, como recordarás”… Llamaron antes de entrar y la voz interrumpió su discurso con un “¿Quién es?” en un tono de fastidio que no se esforzó en ocultar.

Los seres entraron.

—¿Paco Antúnez?

—Osti sí… y ¿Ustedes? —atinó a decir. Su piel palideció.

—Somos personajes indefinidos y queremos que hable de nosotros a sus alumnos para poder tener una vida.

—Personajes indefinidos—suspiró Paco — Pero, ¿Por qué mis alumnos?

—Bueno, estamos siguiendo su trayectoria y creemos que tienen potencial. Queremos que nos den un nombre, un color de ojos, de pelo, que nos hagan bajitos y gordos o altos y esbeltos. Que nos regalen un tono de voz, una personalidad. Ser valientes o asustadizos, que nos enfrenten a peligros. Amar o vengarnos de alguien. Nos da igual ser redondos o planos siempre que provoquemos sentimientos en los lectores y les hagamos soñar. Queremos ser literatura.

—¿Qué mejor meta que ser literatura? —dijo Paco sonriendo, indicándoles, a su vez, que se acercaran al escritorio de roble macizo, y que los que pudieran, sólo serían tres afortunados, tomaran asiento. Entonces sacó un papel plastificado con las fotos impresas de sus alumnos y continuó:

—Susana —dijo señalando una de las fotografías — es perfecta trabajando historias de niños y adolescentes. Si alguno prefiere la novela fantástica, Luís tiene ideas asombrosas. Mónica, por su parte, trabaja muy bien la novela negra.

—Yo preferiría algo más intimista —se oyó entre el grupo.

—Entonces Lucía, cuida mucho los sentimientos de sus personajes. Y si alguno de ustedes se decanta por la denuncia social, su escritor es Mario.

—A mí me gustan las historias con un ambiente muy cuidado —se volvió a oír entre el grupo.

—Pues debe elegir a Carlos, hace del escenario un personaje más. Y el que esté pensando en la fuerza de la literatura realista debería elegir a César.

—¿Y de aventuras?

—Javi trabaja muy bien el género y Alicia, aunque hace sufrir mucho a sus personajes.

 

La luz del sol daba el relevo a las lámparas de forja del patio interior cuando Paco se despidió de aquellos personajes que anhelaban ser literatura. “Ojalá nos volvamos a ver pronto” les dijo. Una semana después, al abrir los trabajos enviados por sus alumnos, Paco, se sonrió.

 

Alicia Moll. 

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