Primeras impresiones

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  La puerta del final del pasillo estaba abierta. En silencio observé unos segundos antes de entrar. La estancia era, como casi todas las que había visto del edificio principal, amplia y de techos altos y abovedados. De las paredes agrietadas colgaban varias fotografías enmarcadas, la mayoría de retratos personales y edificios antiguos. Una de estas últimas, en concreto llamó mi atención. En la imagen color sepia se podía contemplar una torre estrecha de piedra rodeada de maleza. En ese momento un cosquilleo subió por mi espalda hasta la nuca. Era la primera vez que la veía, pero una sensación familiar me invadió al fijar mi vista en ella. Respiré hondo y entré.

Al momento un olor a madera y libros viejos me invadió. Entre estanterías de madera maciza repletas de libros me dirigí hacia el escritorio caoba. En medio del silencio, las antiguas tablas de madera que cubrían el suelo crujían a cada paso que daba.

Nada más llegar a la mesa, la chica sentada tras la montaña de papeles levantó la vista y esbozó una sonrisa tímida. Me fije en su melena castaña cortada a la altura de la barbilla y el espeso flequillo que le cubría gran parte del rostro. Ella, sin apenas levantar la cabeza de los papeles, murmuró un saludo de bienvenida apenas audible.

–Hola, soy Luna. ¿En qué puedo ayudarte?

– Me llamo Clara Rivas. He venido a ver al profesor Montes. Me ha mandado llamar.

Luna asintió. Dejó a un lado su tarea, se dió la vuelta y se dirigió a la puerta cerrada del fondo de la estancia. Llamó un par de veces con los nudillos y sin esperar respuesta entró. En un momento volvió a salir y con un movimiento leve me invitó a entrar mientras sujetaba la puerta abierta.

Me dirigí hacia ella. Al llegara a su altura, se hizo a un lado para permitirme entrar. Al pasar a su lado la observé de nuevo, esta vez más de cerca. Luna nerviosa desvió sus ojos azul mar. Acto seguido atusó su melena , asegurándose que cáda mechón estuviera en su lugar y tapara la fea cicatriz que cruzaba su mejilla derecha. Antes de que pudiera preguntarme sobre aquella cicatriz, Luna había desaparecido cerrando la puerta.

– ¿Señorita Rivas? Una voz ronca me sobresaltó.

– Si. Conseguí asentir.

Me giré hacia el escritorio situado junto al ventanal.

Sentado tras la mesa el dueño de aquella voz me miraba interrogante. Le miré con sorpresa.

Era mas joven de lo que esperaba. Debia rondar los treinta años y vestía de forma informal. Tenía las mangas de la camisa blanca errolladas hasta el codo y su cabello castaño, espeso y algo ondulado descansaba por encima del cuello de esta.

–Soy Martín Montes, profesor de literatura. Bienvenida al San Gabriel.

Ante mi sorpresa, aquel hombre se levató de la silla, rodeó el escritorio y extendió la mano frente a mi.

Se la estreché y en ese momento un montón de mariposas revolotearon en mi estomago.

Nota: Este texto no es un relato o cuento sino  tan solo un fragmento de una historia que está surgiendo. Un lugar, el primer encuentro de unos personajes que empiezan a cobrar vida…

Susana Álvarez

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Autor: Susana Álvarez

Inquieta por naturaleza, amante de los libros y el cine. En la lectura me decanto por la novela en todas sus versiones; Aventuras, histórica, ciencia ficción, fantasia, terror... Aunque poco a poco me voy adentrando en el mundo del relato corto y el cuento. Mi reto pendiente es ampliar todo ese mundo lleno de letras, participando ya no solo como lectora sino tambien escribiendo. Y en eso estoy...

4 comentarios en “Primeras impresiones”

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