El asesino de manuscritos (I)

Old-Typewriter-1Martes

Hoy he hablado con la casera. Fue ella la que notificó la desaparición. Acostumbraba a desayunar con ella cada mañana, supongo que más por hacerla compañía que por otra cosa. Cuando esa mañana no lo hizo, extrañada, subió a su habitación. Dice que la encontró vacía. Tenía la ropa del día anterior doblada sobre la silla, y la cama estaba deshecha. Pero por la mañana no apareció, y ella está segura de que se habría enterado si hubiese salido. Es una anciana jovial, que se levanta cada día a las seis de la mañana para dar de comer a las gallinas. Utiliza muebles viejos, que le atraen a veces, como leña, y colecciona figurillas de porcelana. Y cada una de ellas parece tener su tapete de ganchillo. Es como viajar en el tiempo. Dice de nuestro hombre que era un poco excéntrico, y acostumbraba a pasarse días dentro de su habitación, aporreando una vieja máquina de escribir con la misma fuerza con que su difunto esposo partía troncos. Ella le ofreció un viejo ordenador, que era de su hijo y marchó a la universidad, pero le contestó que las teclas no funcionarían igual. Que estaba muy acostumbrado a su vieja Corona. Me dijo que la comp en una subasta, a un anticuario de Bratislava.

Miercoles

He repasado sus diarios, y son una sarta de memeces. La anciana me ha dicho que me los puedo llevar, si al final Joseph no aparece. La anciana cree que no tenía familiares cercanos, o al menos en los seis años que vivió con ella, nunca recibió una visita, ni una llamada, y no mencionó a nadie. No entiendo por qué vivía recluido, si sólo con los derechos de las películas ya podría vivir con relativa seguridad. Ya los verás. Hablan de un montón de cosas que parecen ocultistas, o relacionadas con cultos satánicos. ¿Podría ser documentación para una nueva novela de la que no sabíamos nada? He encontrado una hoja con un permiso para visitar la biblioteca episcopal. Mañana iré allí, a ver si nuestro amigo habló con alguien.

Jueves

Parece ser que durante las últimas semanas estuvo consultando muchos libros “prohibidos” sobre brujería. Hace años que se permite el acceso, previo permiso, a los laicos. Aún así, me da la sensación que por estas tierra la superchería todavía está bien arraigada.

Viernes

No te lo pierdas. Eché un vistazo a los libros que él consultaba. Tratan de unos seres que conceden grandes capacidades literarias a quienes los convoquen, y paguen el precio, claro. Quizás nuestro autor era una especie de Fausto. Son una especie de musas oscuras, que se supone que habitan en un plano de existencia diferente al nuestro, llamado Leng. Creo que Joseph no estaba investigando nada. Pienso que se creía estas leyendas eslavas. Menciona a un escritor de Providence, en Estados Unidos, que clasificó algunos seres de allí. El cree que nadie ha demostrado la existencia de estas musas, que el llama “Escribas de Leng”. Mira, no sé si tú le verás algo de sentido a la frase “Al igual que los perros de Tíndalos pueden moverse por los ángulos, y entrar en nuestro plano a través de las esquinas, los Escribas de Leng pueden moverse a través de las metáforas, accediendo a nuestro plano gracias a caracteres maestros escritos o incluso tecleados en determinado orden.

Sábado

He encontrado indicios de que esta historia viene de lejos. En el siglo XVIII, un monje desapareció de su celda tras trabajar de amanuense en un libro que posteriormente fue declarado herético. Los monjes que investigaron la desaparición relatan que lo único inusual es que determinadas letras en el incunable que estaba copiando, fueron inclinadas, en cursiva, sin un motivo claro. Vaya locura.

Lunes

Hoy ha llegado un paquete a mi nombre a la pensión. Lo cual es del todo incomprensible, pues nadie sabía que estaba aquí, salvo tú y mi mujer. Pero lo mejor es que al abrirlo, he visto que era un manuscrito. Un original, firmado por Joseph. Llevaba una nota aparte. Te la transcribo.

Continuará (o no).

Carlos Díaz.

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Autor: Carlos Di Urarte

Lector profesional especializado en fantasía, ciencia ficción y terror. Ex-librero entusiasta. Blogger criticón. Padre y esposo.

3 comentarios en “El asesino de manuscritos (I)”

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