Déjà Senti

Consciència de ser dona

 

“Volviste a mí una tarde fría de invierno.

Y digo volviste, porque ya habías estado junto a mí.

Todavía no sé cuándo ni dónde fue, pero lo sabré.

Y digo lo sabré con la convicción de que un día u otro seacapaz de

encontrar la respuesta, del mismo modo que encontré el camino hacia ti.”

Dicen que a veces ocurre, que es más habitual de lo que pude parecer por lo extraordinario de su apariencia.

Hay quien ha tratado de darle una explicación científica, reduciéndolo a un simple error de percepción de nuestro cerebro difícil de explicar, o quien ve en él signos de clarividencia e iluminación. Nada más lejos de la realidad.

Para mí una simple palabra lo define. Recuerdo.

Casi anochecía cuando sin darme cuenta mis pasos me guiaron de nuevo hacia las estrechas callejuelas de la zona vieja de la ciudad. Sin proponérmelo, se había convertido en una costumbre para mí acabar la jornada inmersa en el pequeño mundo que emergía en las calles adoquinadas de la ciudad. En ellas el tiempo parecía haberse congelado entre cafés y pequeños locales que conservaban su apariencia de antaño. Podía pasar horas hurgando en los estantes polvorientos de alguna que otra librería de viejo o descubriendo tesoros en las diferentes platerías. Allí no había ruido, ni prisas.

Era increíble como el gentío bullicioso de las tiendas de moda, situadas tan solo a unos pasos en las grandes avenidas, desaparecía en unos minutos sólo con vadear un par de calles.

Alcé el cuello de mi abrigo en un intento de protegerme de la humedad que empezaba a cubrir las estrechas calles huérfanas de sol. En esta visita había prometido regalarme uno de esos chocolates a la taza con melindros de la granja Dulcinea, de buen seguro deliciosos a juzgar por el aroma irresistible de cacao y canela que emanaba del establecimiento cada vez que pasaba por su puerta acristalada.

Hacia allí me dirigía cuando un par de focos a mi derecha se encendieron captando mi atención. Me volví hacia el establecimiento más por sorpresa que por interés, y la imagen que llegó hasta mi me dejó sin aliento.

No sé cuánto tiempo estuve conteniendo la respiración inmóvil con la vista fija en el escaparate de la diminuta galería de arte. En él un único cuadro se exponía como anuncio de una futura exposición. El lienzo, óleo todavía sin enmarcar mostraba dos siluetas de mujer bailando bajo la luz de la luna envueltas en color púrpura.

El tintineo de una campanita seguida de una voz me sacó de mi ensoñación.

-¿Te gusta? Se llama “Conciència de ser dona” pertenece a la nueva exposición que estamos montando.

-¿Perdón? Balbuceé a la joven que con una sonrisa me observaba desde la puerta entornada.

-Impactante ¿Verdad? Es precioso.

-Si, realmente tiene algo especial. Asentí sin dejar de mirarla.

-Todavía no hemos abierto, pero si quieres puedes pasar. Tenemos más cuadros del mismo autor, algunos de ellos sin desembalar.

Sin pensarlo dos veces me adentré tras la joven de cabello rojizo y mirada gris que me había impactado tanto o más que el cuadro en ese receptáculo lleno de lienzos y cajas por ordenar

Ese es mi preferido ¿sabes?, la oí comentar. En el se puede percibir el agradecimiento de un grupo de mujeres de su dones a la madre naturaleza y a la luna a través de la danza.

La observé. Se movía con gracia entre las caja. No podía apartar la vista de ella.

Toda la colección gira en torno a la misma temática. Toma, es un folleto informativo de la exposición.

Alargué el brazo para cogerlo. Su mano rozó la mía,  apenas un segundo. Noté un escalofrío subir por mi espalda y todo empezó a dar vueltas a mi alrededor.

Un claro en el bosque, risas, música… De repente por un momento pude sentir la hierba húmeda bajo mis pies, la brisa de la noche acariciándome el rostro y el tacto suave de una manos cogidas a las mías haciéndome girar.

Asustada retiré la mano, sin atreverme a alzar la vista. Sabía que ella me miraba. Podía sentir sus ojos clavados en mí. ¿Qué me estaba pasando?

No tengas miedo, susurró. Cogió mi mano entre las suyas y la retuvo. Una sensación me sacudió. Las conocía.  Esas manos habían recorrido todo mi cuerpo. Mi piel ardía bajo su contacto. Cerré los ojos, temblaba de pies a cabeza.

La noche volvió a caer. Gritos y abucheos llenaron mi cabeza de caos.”Brujas””mujerzuelas”. El fuego ardía en el horizonte. Podía sentir el olor a  humo, la ceniza llovía a mi alrededor. El miedo me paralizaba.

Y entonces la vi desaparecer engullida por la turba enfurecida. Lágrimas inundaban mi rostro. Lloraba ajena a los golpes, me dolía el alma.  Un grito se ahogaba en mi garganta. !Nooo!

Abrí los ojos, y me encontré con su mirada. Una lágrima rodó por mi mejilla.

Ella sonriró y sin apartar la vista de mi rompió el silencio.

Yo también te he echado de menos.

Susana Álvarez.

Nota: Pintura “Conciència de ser dona” Autor Naval Cosp

Puedes conocer su obra en : http://www.navalcosp.com/

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Autor: Susana Álvarez

Inquieta por naturaleza, amante de los libros y el cine. En la lectura me decanto por la novela en todas sus versiones; Aventuras, histórica, ciencia ficción, fantasia, terror... Aunque poco a poco me voy adentrando en el mundo del relato corto y el cuento. Mi reto pendiente es ampliar todo ese mundo lleno de letras, participando ya no solo como lectora sino tambien escribiendo. Y en eso estoy...

3 comentarios en “Déjà Senti”

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