Nanami visita el club [Extracto del borrador, capítulo 15]

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Nanami entró en el club con seguridad. Al instante le inundó la sofocante densidad del humo y la música. “Saxy Demon” resonaba por la sala desde un juke box epiléptico. Los graves del hit de hace dos años, “Chiba Town Jazz”, hormigueaban por el linóleo gris bajo sus botas desgastadas. Sobre el escenario palpitaba una selva de barras de neón retorcidas, donde una travesti con un cuerpo rediseñado bailaba semidesnuda. En un palco con las cortinas abiertas, y vistas a la actuación, dos turistas de mediana edad fumaban hachís y reían.

Era pronto para la mayoría de los clientes. Otra stripper tatuada con luminex discutía con el que parecía el encargado (y barman) del local. Él le tendió varios billetes a regañadientes, y ella le dio un beso en la mejilla. Asunto arreglado. Ninguno llevaba en su brazalete una omnivitae, y el hecho de utilizar dinero físico, a pesar de que no se encontraban en Bajociudad, indicaba el tipo de clientes que frecuentaban. Y es que los callejones de las chicas sing-song se nutrían de habitantes de las entrañas de la ciudad, salvo por el ocasional extraviado que buscaba emociones fuertes, o el sempiterno imbécil perdido.

Miró la hora en su omnivitae, y se dirigió al encargado/barman/proxeneta.

—Busco a Inoue..

—¿Qué tienes, doce años? —le respondió, mientras con un mechero se encendió un cigarrillo. La stripper rió.

—Dieciséis, imbécil.

El barman exhaló el humo por la nariz, mientras la miraba, divertido.

—Inoue-sama no da trabajo a gatitas anoréxicas, y menos con tan poca educación. Primero se saluda. Vete por donde has venido, y vuelve cuando tengas un poco más de tetas. Su sonrisa radió desdén con la misma indiferencia que los neones rezumaban su sordidez.

Nanami hizo un gesto para que se acercase. El gerente ladeó la cabeza hacia la stripper, y se acercó, sonriendo con suficiencia. Ella le tomó del cuello de la camisa, y le colocó el cañón de su preciosa pistola rosa contra los dientes, con tanta fuerza que esmalte y acero resonaron como un brindis.

—Dile que su bisnieta está aquí, y que le debe muchos regalos de cumpleaños.

Él asintió, más molesto que asustado. Apretó un interfono situado fuera de la vista de la barra, y dijo algo en un dialecto que sonaba a una jerigonza yakuza y ainu. Nanami le soltó, y dio un paso atrás. La omnivitae no pudo traducir las palabras del barman, pero el enjambre invisible de nanobots que flotaban alrededor de la adolescente, sí. Tardaron varios segundos más de lo normal. “Necesito refuerzos, hay una loca con una pistola”.

—Tío, cómo la has cagado.

En el mismo instante que las puertas batientes de la cocina se abrieron, Nanami depositó su pistola sobre la barra, y levantó los brazos.

—Tú si que la has cagado. ¿Quién te crees que eres, zorra?

Aparecieron tres hombres y medio. Medio porque uno era una travesti. ¿De verdad, qué le pasaba a la gente de este local? pensó Nanami. Todos ellos armados con subfusiles, y trajeados como para ir a una boda. La “mujer” la miró con descaro. Nanami le lanzó un besito. Si algún día las mujeres se extinguen, los hombres estarán más que encantados de ponerse medias de rejilla, cortarse las pollas y dar a luz. Las manos grandes la delataron. Otro llevaba la camisa abierta, y bajo las cadenas de oro se vislumbraban los tatuajes del clan.

—¿Mappo, no me jodas, nos has llamado por una cría?

Nanami seguía con los brazos en alto. Sus nanobots tomaban datos de las conexiones entrantes y salientes, y los convertían en información que pudiese ser procesada por los circuitos neuronales de la joven. El transexual se acercó. Tenía la cara maquillada como una máscara kabuki de porcelana, blanca salvo los labios y el contorno de los ojos, negros. Despegó el velcro que mantenía cerrada la gabardina transparente de Nanami, y la cacheó con un exceso de celo. Incluso examinó dentro de la capucha con orejas de gato.

—¿Te has operado? —preguntó Nanami a la mujer.

—¿Qué? —respondió la transexual.

—¿Eres una mujer completa, o aún tienes rabo?

Nanami recibió una fuerte bofetada, que la arrojó contra la barra de caoba. El anillo de plata con un rostro de oni le rompió el labio. No gritó.

—Está limpia, solo llevaba esa pistola.

Tras decir esto, le quitó la omnivitae.

Los clientes que fumaban hachís la miraron entre risas. El jefe de los matones, un kyodai con la nariz rota, les pidió disculpas.

—Sacadla por el callejón, y quitadle las ganas de volver a venir aquí.

—Vengo a ver a Inoue-sama, el oyabun de los Onigora Tsuki. ¿Podéis darle un mensaje de mi parte, ya que soy su puta nieta, y cuando se entere de cómo me habéis tratado os arrancará los tatuajes con un rallador de queso?

Otro de los matones se pasó la mano por la nuca, mientras jugaba con un palillo de dientes. El de la nariz rota suspiró, no muy convencido.

—Dime qué quieres que le diga.

Nanami terminó de recibir la información de los nanobots que se habían infiltrado en el circuito de cámaras de seguridad del local.

—Da igual, sólo quería sonsacaros si de verdad Inoue estaba aquí dentro, pero ya no hace falta.

—¿Y eso? —preguntó el del palillo en los dientes.

—Porque ya sé donde está, me lo acaban de chivar. Por cierto, eres una inutil; me has registrado a fondo, y no has reconocido que mi gabardina es de cripsocamo. Lo menos que podría hacer un guardaespaldas, es preguntarse qué cojones hace una chica como yo con esta equipación militar.

Miradas perplejas. Entonces empezó el infierno. La puerta de entrada al local estalló, y dos drones de asalto entraron en el local. La stripper gritó, y los yakuzas apuntaron a Nanami, pero ella había desaparecido. Los drones eran esferas blindadas de titanio, con visión de ciento ochenta grados, turbinas y cuatro mini-ametralladoras giratorias. Comenzaron a disparar ráfagas por toda la sala. Las balas zumbaban endemoniadas, arrancaban chispas, reventaban cristales y espejos. Los matones se escondieron tras la barra, bajo una lluvia precipitada desde las botellas que estallaban.

Los disparos se detuvieron. Los drones mantenían los cañones en rotación. Sonaban a cepillo eléctrico con cerdas de 9mm. Los clientes se habían tirado al suelo. La transexual del escenario estaba agachada y se tapaba las orejas con las manos. Un gemido de dolor recorrió las paredes, terrible. La yakuza de kabuki se agarraba la entrepierna, de la que manaba sangre.

—Pues al final sí que tenías rabo. Te he ahorrado una pasta. No me des las gracias.

Intentaron localizar la voz. Los drones gravitaron, rodeando la barra y les encañonaron. Las ametralladoras seguían girando.

Nanami se retiró la capucha, y el cripsocamo se desactivo. Volvía a ser una lolita pop con gabardina transparente, que les apuntaba con una pistola rosa, desde lo alto del escenario.

—Creo que hemos empezado con mal pie. Veréis, voy a entrar allí, y vosotros vais a quedaros quietecitos. No hace falta que…

Las puertas batientes de la cocina se abrieron, y salió un cocinero occidental con un machete. Evaluó la situación con sorprendente velocidad. Dejó el machete en el suelo, y levantó las manos.

—Para ser el cocinero, ere el más listo que hay aquí —miró a los matones aterrorizados —.Deberíais ascenderle. Bien, estos drones están controlados de forma remota. Eso quiere decir que aunque yo me vaya, os vigilarán. No espero estar mucho tiempo, pero si intentáis cualquier cosa más compleja que quedaros sentados, os dispararán. Tú —señaló al cocinero —. Trae un botiquín para curar a la amiga, no quiero que se desangre. Espero que regreses, no por mí, sino por ella. ¿Lo habéis entendido todos?

Asintieron.

Nanami caminó como una diva del pop, con la pistola en las manos, y dejó a los drones levitando en una órbita “yakuzacéntrica”.

*   *   *

Este es un extracto de la novela en que estoy trabajando. Es un borrador, pero me apetecía compartirlo, por si hay alguien ahí fuera que lo lee. Cualquier comentario será bien recibido, y si a alguien le interesa, seguiré compartiendo extractos sueltos.

Carlos Díaz.

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Autor: Carlos Di Urarte

Lector profesional especializado en fantasía, ciencia ficción y terror. Ex-librero entusiasta. Blogger criticón. Padre y esposo.

6 comentarios en “Nanami visita el club [Extracto del borrador, capítulo 15]”

  1. Está muy bien. La narración es ágil, trepidante, muy bien llevada, de estilo muy cinematográfico. Las descripciones son las suficientes para adentrar al lector en ese mundo, sin distraerle (o aburrirle). Dan ganas de leerlo. Lo único que me sonó extraño es el comentario del narrador, ya que al ser omnisciente, impersonal (eso parece) se espera cierta asepsia en ese sentido: “Si algún día las mujeres se extinguen, los hombres estarán más que encantados de ponerse medias de rejilla, cortarse las pollas y dar a luz”. Un saludo y nada, pues sigue así, que disfrute este extracto de la historia bastante.

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  2. Muchas gracias por el comentario. De todo se puede aprender, y me va muy bien cualquier opinión.
    La frase que mencionas no es del narrador; es un pensamiento de la protagonista, lo que pasa es que he omitido poner “Nanami pensó que…” y he saltado directamente el pensamiento, de forma casi intrusiva para el lector.
    Mi narrador es cuasi-omnisciente, y se centra en el punto de vista de Nanami, así que se introduce en sus pensamientos, pero no en los de los demás. Es algo que hago a menudo en este “intento” de novela: colar en mitad de los párrafos algún pensamiento fugaz. Tu comentario indica que corro el riesgo de que se confunda con una digresión del narrador. Es un riesgo que acepto, y quiero creer que una vez el lector se acostumbre a mi tono sabrá descubrir cuando es el narrador, y cuando el protagonista, pero nuevamente te doy las gracias por tomarte el tiempo para mencionarlo, porque cuantas más perspectivas de lectores reciba, mejor podré saber qué funciona o qué no.
    ¡Un saludo!

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  3. Muy buena historia trepidante y fluida, bastante fresca del tipo que no me puedo imaginar que sigue y eso me gusta. La prota no me agrado en lo personal es muy violenta si yo estuviera en la historia también me provocria golpearla. Pero su personalidad audaz creo que concuerda con su edad en lo demas que puedo decir no la conozco; pero si algún día sacas el libro yo seré el primero en comprarlo.

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      1. Hola, buenas. He leído todos los extractos de esta novela que has ido publicando hasta ahora (he descubierto esta maravilla hoy mismo, ahora), y me ha parecido sencillamente increíble, es demasiado buena. Me gustaría saber si la novela la has terminado. Querría leerla entera, esta historia se puede exprimir mucho, si se exprime bien.

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  4. Saludos, Lord_Vicort. Lo primero, gracias por el comentario. Al igual que los anteriores comentarios, aprecio mucho las palabras de ánimo de gente que no conozco, porque en este mundo de blogs es fácil dejarse engañar por las alabanzas de quienes buscan promocionar el suyo. Así que cada vez que recibo palabras como las tuyas, que no van seguidas de algo como “pásate por mi foro para ver si te gusta lo mío”, la alegría es doble, porque les presupongo una sinceridad que agradezco.
    Dicho esto, circunstancias personales me han impedido continuar con su escritura desde hace unos meses, y me lo continuarán impidiendo a corto plazo. La novela está escrita al 80%, llevo más de 300 páginas. Supongo que sería cosa de un par de meses para el primer borrador, y luego una revisión un poco más detallada. Mi intención es colgarla aquí, íntegra, y compartirla ya pulida para quien le guste.

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