San Gabriel (III)

Mochila Charlie 1

Tal y como esperaba, Charlie ya estaba ante su puerta con la mochila al hombro y un pie apoyado en la pared. A medida que se acercaban por el pasillo, Clara pudo ver cómo le cambiaba la expresión de la cara al verlas llegar. No se avecinaba nada bueno.

— ¿Qué hace esa aquí?—Su tono de voz no dejó lugar a dudas.

—Ali también viene— afirmó Clara con una mirada de advertencia.

Sin darle tiempo a protestar, pasó por delante de él y abrió la puerta de la habitación. Los otros dos la siguieron al interior fulminándose con la mirada.

—Me niego a entrar con esta tía ahí dentro — protestó nada más cerrar la puerta.— Va a ser un lastre más que una a ayuda.

—A ti lo que te escuece es que te he fastidiado la cita. ¿Verdad campeón?—replico Ali —Si no fuera por “esta tía”, como tú dices, no tendríais esto. Con aire de suficiencia lazó sobre la cama un tubo de papel enrollado.

— Aquí tenéis los planos. No están todos. No he tenido tiempo de copiarlos. Pero los del ala este del edificio, incluido el que sale de esta habitación, se ven perfectamente.

—¡Vaya! De algo nos va a servir la rata de biblioteca.

—¿Os importaría parar? Estamos en esto los tres os guste o no. Así que agradecería que guardarais los cuchillos para otro momento.

Ya estaba. Todo listo; linternas, planos, cuerda…El armario había sido retirado y solo faltaba abrir de nuevo el acceso al pasadizo. Con el conocimiento previo, en escasos segundos Charlie encontró la puerta secreta con un empujón hundió la pared hacia adentro y sin apenas esfuerzo la deslizó hacia un lado dejando al descubierto la entrada del pasadizo.

—Si a alguna de vosotras le asusta entrar y prefiere quedarse fuera y esperar, ahora es el momento de decirlo —Charlie pronunció estas palabras buscando la mirada de ambas.

Ali, con la vista fija en la entrada el oscuro pasadizo, trago saliva y respiró hondo.

—No me asusta en absoluto. Si vosotros vais, yo también.

Clara sintió un escalofrío y por un momento pensó en el amuleto que guardaba debajo de la almohada. Había sido un regalo de Irit para velar sus sueños y alejar los miedos. De forma instintiva se llevó la mano al cuello y notó el tacto frío del colgante que le acompañaba día y noche desde hacía algo más de un año. Nunca había sido supersticiosa, pero aferrarse a él en determinados momentos, le había dado fuerzas

—Yo también entro—asintió Clara

—¡Vale!, esto es lo que vamos a hacer. Tenemos tan solo dos linternas. Yo iré delante con una y la otra la llevará la última de vosotras. Así que no os separéis.

Dicho esto agarró una de las linternas, la encendió y comprobó la fuerza de la bombilla sobre la oscura pared de ladrillo, acto seguido hizo lo mismo con la otra y se la devolvió a Ali, quien sin pensarlo se había colocado la tercera en la fila. Después se deslizó por la abertura de la pared hacia el interior del pasadizo.

Clara avanzó tras él. En la penumbra que la envolvía palpó la pared. La notó fría, húmeda y viscosa. ¿Que debía ser aquello? Una sensación de asco la invadió. Alzó la cabeza y advirtió la luz de la linterna de Charlie que ascendía por la pared de ladrillo hasta detenerse en el techo. Aquel pasadizo se aguantaba gracias a unas vigas de madera de las que colgaban cortinas de telarañas.

—No me dejéis atrás— suplicó Ali a su espalda.

Clara cogió la linterna y se hizo a un lado. Ali pasó delante de ella como una exhalación. Si no se equivocaba su amiga agradecía la presencia de Charlie cerca por una vez en su vida.

Siguieron caminando en línea recta una tras otra. Charlie había avanzado unos metros para valorar el terreno.

Más paredes de ladrillo, más telarañas. En unos pasos sus botas pisaron agua. Aquel tramo de pasadizo estaba lleno de charcos. Orientó la luz hacia el suelo para esquivarlos en el mismo momento que algo gris corría entre sus pies, se escurría por un agujero pegado a la pared y desaparecía.

Una rata, no es nada más que eso, se dijo para sí misma reprimiendo un grito.

Continuó hacia adelante. Tal y como recordaba tras el pasillo estrecho había una escalera. A pesar de su primera incursión al pasadizo, Clara no fue consciente hasta ese momento del deterioro en el que se encontraban los escalones ni lo pronunciada que resultaba la bajada.

Sin otra opción para sujetarse, Clara apoyo su mano en pared mientras con cuidado bajaba los escalones. No llevaba ni tres cuando notó un hormigueo en el brazo. Al iluminarlo vio con horror como una araña patilarga trepaba hacia su hombro. Asustada soltó un grito y apartó de un manotazo dejando caer la linterna. En cuanto esta toco el suelo la luz se apagó.

(Continuará)

Susana Álvarez.

Nota; Aunque está colgado en la categoría de “relato”, el texto no es un relato, sino una pequeña parte de una historia más amplia de la que ya he ido colgando fragmentos en el blog. Todo parte de un personaje, Clara; de un lugar, el San Gabriel y de una historia por descubir… 

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Autor: Susana Álvarez

Inquieta por naturaleza, amante de los libros y el cine. En la lectura me decanto por la novela en todas sus versiones; Aventuras, histórica, ciencia ficción, fantasia, terror... Aunque poco a poco me voy adentrando en el mundo del relato corto y el cuento. Mi reto pendiente es ampliar todo ese mundo lleno de letras, participando ya no solo como lectora sino tambien escribiendo. Y en eso estoy...

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