Algo termina, algo comienza

Amigos y amigas,

Escribo esta entrada para despedirme de este blog. Soy Carlos Di Urarte, uno de los tres autores que colgamos aquí algunas de nuestras creaciones. He pensado (el tiempo dirá si acierto o me equivoco), que voy a emprender mi carrera bloggera en solitario. Ninguna queja puedo tener de mis encantadoras compañeras, así que no sufráis, ni me han coartado o impedido vomitar mis textos, pero yo mismo, voluntariamente, no he querido mostrarme todo lo salvaje que soy en un blog tan familiar.

Me mudo a uno en el que daré rienda suelta a mis perversiones y a mi amor por la fantasía, la ciencia ficción y el terror, en todas sus vertientes, y también servirá para conocerme un poco mejor. Si alguien quiere echarle un vistazo, es este:

Palabras de Hueso

Mi primer texto allí tiene sexo con demonios en una ambientación desértica. DIgo palabras feas que harían llorar al niño Jesús.

Sin más, me despido. Ha sido un placer.

¡Nos leemos!

 

 

Vanitas via Google images

HUMO

Según mi nariz, mi padre era tabaco o betún.
Me fascinaban sus zapatos negros y las volutas grises que escapaban de su pipa de caoba, cuando de su mano recorría el empedrado del gueto. Yo le seguía aferrado a su abrigo como si fuera el vagón de un tren.
Nos mudaron lejos de Praga. Ya no fumaba, pero las cenizas tiznaban su rostro. Ya no llevaba zapatos, el barro succionaba sus pies.
“Nunca te abandonaré”, susurró junto a las chimeneas. “Saldremos juntos de esta”, prometió bajo el aguacero.
Sobreviví como zapatero de botas negras y miradas grises.
Según la dirección de mis ojos, mi hogar era fosa o alambre de espino.
Mi padre acabó convertido en lo mismo que sus promesas.

 

Carlos Di Urarte

LA SIRENA. Capítulo I

Perdí mi alma cuando tenía trece años, sin siquiera haber desayunado. Bajé de la cama de un salto cuyas consecuencias funestas no descubriría hasta muchos años después. Si en vez de levantarme de madrugada, antes de que la primera luz del alba asomase en el horizonte, si en vez de salir de mi hogar con un cuchillo corto, el abrigo de piel de oveja de mi abuelo, y las aspiraciones soñadoras que sólo un adolescente podría tener, si en vez de ello me hubiese quedado en la cama, quizá hubiese sido más feliz. O quizá no, pues los hados son caprichosos, y gustan de hacernos divagar con sus: “y si”. Leer más “LA SIRENA. Capítulo I”

LA SIRENA. Prólogo.

El Marrano

Las bisagras de hierro protestaron con un chirrido de rata aplastada. La puerta de mi celda se abrió lentamente, como si el visitante temiese encontrar un monstruo agazapado en la penumbra. En vez de un monstruo, solo estaba yo, encadenado a la pared, con mis pies a dos palmos del suelo anegado y mis muñecas ancladas a la piedra negra con argollas herrumbrosas.
El brillo de la antorcha que portaba el recién llegado me hirió el ojo sano y me hizo apartar la vista. Apreté la mandíbula al notar miles de agujas clavarse en mi pupila. Tras varios días sumido en la más completa oscuridad, el mero atisbo de una llama me laceraba la mismísima alma. Supongo que, para mi visitante, eso sería una prueba más de mi condenación, temeroso del fuego purificador. Leer más “LA SIRENA. Prólogo.”

La caída

Este es un relato que escribí para un concurso de Portal del Escritor. La idea es, sin exceder las 2000 palabras, escribir sobre una idea pregenerada aleatoria. A mí me salió lo siguiente:

“En una inmensa ciudadela viva, que crece cada día,  donde convive la magia con la tecnología, una aprendiz de hechicería busca un antiguo amor, portador de un secreto que puede salvar su mundo.”

Y aquí lo tenéis.

 

La Caída

Yo tenía tres años la noche que la diosa cayó.

Dicen que los que vislumbraron su cuerpo desplazarse por el firmamento se quedaron ciegos al instante, y que su última visión fue la de una esplendorosa incandescencia seguida de una estela verde que partía en dos la oscuridad.
Recuerdo que dormía abrazada a Osito, mi búho de peluche favorito, y me despertó el estruendo del impacto. Lloré y chupé la punta de una de sus alas, ya deformada por mis atenciones, hasta que mis padres vinieron a consolarme. Leer más “La caída”

Espiritismo II

Segunda y última parte de este capítulo de otro de mis proyectos.

Anteriormente, en “Espiritismo I”:

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—Siéntese, Monsieur Etienne. Pongamos bajo control nuestra fuerza vital, y el portal se estabilizará. Saquen los talismanes —dijo imperativa Madame Akasha.

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Etienne estuvo a punto de enviar al infierno a todos los presentes. Temió que le hubiesen envenenado, pero no había tomado nada desde hacía horas. Pensó que quizás las velas, al arder, estaban liberando algún compuesto tóxico o alucinógeno, pues el olor le resultaba sumamente desagradable, pero entonces no debería haberle afectado sólo a él. Al final decidió que era culpa solo suya, y volvió a sentarse, pero sin ganas de abrir la boca. Se mantuvo inclinado hacia delante, con respiraciones lentas y profundas, buscando una serenidad que se le escapaba de las manos. Notó que el corazón le palpitaba desbocado, y cuando más pensaba en ello, más se le aceleraba. Con la mirada enturbiada por el mareo, vio como cada uno de los presentes sostenía entre sus manos un objeto. Leer más “Espiritismo II”

Espiritismo I

Esto forma parte de otro proyecto. Es el inicio de un capítulo de una novela ambientada en una Barcelona alternativa, a principios del siglo XX. Es un borrador pendiente de cambios, pero ya es legible. Espero que os agrade.

Carlos Di Urarte.

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El salón de invierno de la mansión del Marqués Etrius era una habitación sombría, y desde que puso un pie en él, Etienne sintió aprensión. Había cierta solemnidad fúnebre en la sala de techos altos y paredes cubiertas de paneles de teca. Comunicaba con un comedor adyacente gracias a unas puertas dobles que estaban cerradas, pero se abrirían para la cena. El salón estaba a su vez dividido en dos espacios. Uno compuesto por tres sofás verdes de terciopelo, situados en forma de herradura frente a una chimenea, y otro que conformaba una pequeña biblioteca, con estanterías en dos paredes adyacentes, y un ventanal emplomado.

Examinó la decoración con un vistazo rápido: el globo terráqueo que en realidad era un botellero, sostenido por un titán de bronce oxidado; la crisoelefantina de una geisha, serena y perfecta en su timidez, que ocultaba su rostro con un abanico; las velas en los candelabros sobre las mesitas auxiliares; y las lámparas de aceite en las paredes. La luz tenía cierta cualidad sepulcral, mórbida, como si estuviese entrando en una capilla o cripta románica. El silencio que sucedió a su entrada no hizo sino acentuar esa sensación. Parecía que era el último en llegar, y además desconocía al resto de los invitados. Un criado le recogió el abrigo, dejando al descubierto su pistola en su funda sobaquera. Leer más “Espiritismo I”

Gotas de lluvia quebradas: diez relatos entre la ciencia ficción y la fantasía

 

Hace tiempo que no hago una entrada, y ahora que el otoño me pone melancólico con sus noches largas y sus días agonizantes, he pensado que sería un buen momento para hacer una reseña de uno de los últimos libros que no leí por obligación: Gotas de lluvia quebradas.

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El autor, Xavier Torrents, es un compañero de la web “El Pájaro Burlón”, y mentiría si dijera que si no fuera por esa web me hubiera enterado de esta recopilación de cuentos cortos. Leer más “Gotas de lluvia quebradas: diez relatos entre la ciencia ficción y la fantasía”

Preludio de narices a los Cruentos Góticos de Amor

silvestre

Preludio de narices a los Cruentos Góticos de Amor

(Velado homenaje a Quevedo)

 

Cada mañana pasaba a mi lado, mientras yo recortaba los setos del vecindario. Me sonreía, y me enamoraba aún más de su nariz, de su perfil digno de acuñar monedas. A veces estaba subida en una escalera, podando las ramas bajas de los alcornoques, y él pasaba por debajo. Vista desde arriba, su nariz era un reloj de sol bien encarado, la proa de una galera que marcaba el rumbo de mi adoración. ¿Cómo pude enamorarme de una sola parte de él, y es más, de parte tan aparentemente insignificante como la nariz? ¿No hay quienes se enamoran de algo más efímero, como una sonrisa, o una mirada? Que nadie juzgue mi deseo por algo mucho más tangible, como el órgano que sirve de pórtico a la respiración que nos mantiene vivos. Leer más “Preludio de narices a los Cruentos Góticos de Amor”

Cruentos Góticos de Amor

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Romance Exangüe entre Sanguijuelas de Extrarradio

Ella era como el acónito. Mortalmente bella, de figura trágica, y de aún más trágico humor. Su visión enalteció mi sangre al instante. Bailaba como una banshee en la sala segunda del Undead, bajo focos estrábicos de colores fríos, entre la niebla artificial y las formas anodinas de sus amigas. Me enamoré al instante de su siniestra apostura, de sus movimientos espasmódicos al ritmo de “Temple of Love”. Las luces iluminaban su piel de rayo de luna, y supe que sería capaz de hacerme enloquecer, con su altanería de cuervo y su lánguida mirada hechicera. Leer más “Cruentos Góticos de Amor”