Once upon a time

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Y lo que a la princesa nunca le contaron, es que hay afectos que duelen, amores mal entendidos que marcan la piel y hieren el alma, silencios que castigan, miradas que hielan, abrazos que aíslan.

Lo descubrió ella misma entre lágrimas. Lo vivió con miedo, con pena. Lo lloró con furia.

Tiempo después lo vistió de indiferencia, dejándolo a un lado, justo en la verita del camino, junto a los cuentos de hadas, príncipes azules, zapatitos de cristal y caprichosas perdices.

Ahí lo dejó, todo amontonado, el día que desapareció.
No fue fácil renunciar a un reino.
Pero mereció la pena tan solo por descubrir qué había más allá, al otro lado del bosque.

Susana Álvarez.

Nota. Relato premiado en el 4°concurso de Microrelatos Dones veu a les dones? Ajuntament Montcada i Reixac

 

La Bella durmiente

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Imagen sacada de la red

Cuando el hada madrina llegó al castillo y entró volando por la ventana en la habitación de la princesa, supo al momento lo que necesitaba aquella joven que dormía plácidamente.

Agitó su varita  y ante ella apareció.

El enorme dragón se acercó a la cama donde yacía la joven y con su cálido aliento acarició su mejilla.

La princesa , soñolienta, abrió los ojos perdiéndose en el verde intenso de esa mirada que la acechaba. Se incorporó, sonrió agradecida al hada madrina y alzó los brazos.

El dragón la asió con mimo entre sus garras, y en la ventana desplegó sus alas desapareciendo en el horizonte.

*Microrelato presentado en estanochetecuento.com diciembre 2017

Susana Álvarez

 

La Medium

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Se giró al escuchar el grito.

Ya casi había conseguido conciliar el sueño cuando aquel sonido agudo de terror le sobresaltó. Si no se equivocaba  provenía de la habitación principal. Las pesadillas debían haber vuelto.

Sin pararse a alcanzar la bata que reposaba a los pies de la cama, salió al pasillo apenas iluminado por la luna. Fuera de la habitación, reinaba el silencio. Nadie parecía haber escuchado nada.  La mullida alfombra amortiguó su carrera hasta llegar al final del pasillo.

La puerta estaba entreabierta. Por un segundo permaneció en el umbral conteniendo la respiración antes de empujar suavemente y entrar.  El cuarto estaba iluminado por la suave luz de las velas. La brisa que entraba por las puertas del balcón hacía titilar las diminutas llamas y removía la blanca tela que envolvía el lecho, donde Eve dormía de forma plácida. Desde la pared un gran retrato de la joven, de tez blanca y cabello azabache, pintado al óleo, la observaba. Leer más “La Medium”

Melodía

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La encontró el mismo día que ella se marchó para siempre.

Estaba entre sus cosas, al fondo del armario, justo detrás de una caja de cartón repleta de cartas de amor. Era increíble que las hubiese conservado durante tantos años.

Tras deshacerse de aquella corbata negra, que jamás hubiera  querido vestir, se calzó las zapatillas y arrastró sus pies cansados hasta el salón.  Allí, la colocó en la repisa de la chimenea junto al marco de plata que guardaba en su interior el rostro sonriente de una joven pareja de enamorados.

Desde entonces cada tarde sentado en el sillón , cerraba los ojos y se dejaba llevar por la melodía que surgía de aquella vieja radio donde sonaban, como caídos del cielo, esos temas que tanto bailaron juntos.

Nunca falló a su cita con la música , esperando el día en se reunieran de nuevo.

Hasta el día en que la muerte le sorprendió, tarareando en su sillón , con su mejor traje y una sonrisa en los labios, junto a la antigua radio que dejó de funcionar un par de décadas atrás.

Susana Álvarez

Nota: Microrelato presentado bimestre pasado en estanochetecuento.com.  Cuento, cuyo tema giraba en torno a La Radio.

San Gabriel (V)

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Conforme me alejaba del San Gabriel el paisaje de fue haciendo más sombrío y cerrado, hasta el punto de que los árboles apenas dejaban que el sol se filtrara a través de sus ramas y una luz verdosa parecía envolver mis pasos en aquel bosque donde reinaba el más absoluto silencio. Hasta el más pequeño pájaro parecía haber enmudecido en aquel lugar.  A estas alturas el sendero había desaparecido y el aire se había tornado gélido. Traté de conservar la calma y caminé entre los árboles sin saber hacia a donde me dirigía. Leer más “San Gabriel (V)”

Asier (San Gabriel IV)

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Aquella mañana— mi primera en el San Gabriel—supe de verdad lo que era estar sola. Completamente sola.

Hasta ese momento había creído estarlo, si ser consciente que había vivido arropada por todo lo que me rodeaba, y ya no me refría solo a la gente, sino a mis cosas, mi casa, mi habitación, … mi pasado.

Sentada en los fríos escalones de piedra que daban al patio trasero del edificio ajena al ir y venir del resto de alumnos me acordé de Silvia. “Como me hubiera gustado que estuviera allí”. Nos habíamos conocido cinco años atrás cuando llegó nueva al instituto donde estudiaba. Antes de conocerla yo no había tenido una mejor amiga. Bueno, ni siquiera una amiga. Sí alguna que otra compañera forzosa para diferentes trabajos de clase, pero una amiga no. Por aquel entonces las chicas de mi clase se reían de mí, de mi excesiva delgadez y de mi carácter tímido, o en el mejor de los casos me ignoraban. Cuando Silvia llegó todo eso cambió. Leer más “Asier (San Gabriel IV)”

Hechizo

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-Mamá ¿A que los hechizos no pueden durar siempre?

Me perdí en sus chispeantes ojos verdes buscando una respuesta a su inmensa curiosidad. En su mundo de príncipes azules, princesas, dragones y brujas todo encantamiento tenía remedio y cada maleficio su fin.

Cómo explicarle que sí.

Que hay hechizos que te atan de por vida, sin varita ni conjuro, sin hadas ni duendes, pero cargados de mágia.

Que una mirada basta para robarte el aliento y una sonrisa para encadenarte eternamente. Que yo era víctima de uno y ella aún sin saberlo también.

 

Susana Álvarez.

Ausencia II

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Despertó de un salto con el miedo atado a ella. Un escalofrío erizó su piel pintada en púrpura y ocre.Contuvo el aliento y en la oscuridad de la noche deslizó despacio su mano por la sábana que se extendia a su lado. Palpó la fira soledad y cerró los ojos de nuevo. Liberó un suspiro y sonrió. Ya naide volvería a teñir de rojo sus sueños.

Susana Álvarez.

Nota: Microrelato premniado en el 1er concurs de microrelats 8 de març Montcada i Reixac 2015

San Gabriel (III)

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Tal y como esperaba, Charlie ya estaba ante su puerta con la mochila al hombro y un pie apoyado en la pared. A medida que se acercaban por el pasillo, Clara pudo ver cómo le cambiaba la expresión de la cara al verlas llegar. No se avecinaba nada bueno.

— ¿Qué hace esa aquí?—Su tono de voz no dejó lugar a dudas.

—Ali también viene— afirmó Clara con una mirada de advertencia.

Sin darle tiempo a protestar, pasó por delante de él y abrió la puerta de la habitación. Los otros dos la siguieron al interior fulminándose con la mirada. Leer más “San Gabriel (III)”

San Gabriel (II)

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     Clara se acercó al balcón, retiró la cortina y contempló las primeras luces del alba. Ya se estaba haciendo de día, pero ni los primeros rayos de sol consiguieron tranquilizarla.

Después de todo lo ocurrido la noche anterior, no había sido capaz de volver a pegar ojo. Aún con Charlie haciendo guardia en la habitación.

Horas después de lo ocurrido todavía le daba vueltas al asunto y no había encontrado más que una respuesta. En la habitación debía  de haber alguna otra entrada a parte de las que ella cerró al acostarse. No podía haber otra respuesta más que esa. Pero ¿dónde? Habían buscado por todo el cuarto, hasta que el cansancio había empezado a hacer mella en ellos.

Derrotada se echó en la cama sobre la colcha y observó a Charlie, que con los ojos cerrados y la capucha de la sudadera puesta,  parecía dormitar recostado en el sillón. Leer más “San Gabriel (II)”