Gotas de lluvia quebradas: diez relatos entre la ciencia ficción y la fantasía

 

Hace tiempo que no hago una entrada, y ahora que el otoño me pone melancólico con sus noches largas y sus días agonizantes, he pensado que sería un buen momento para hacer una reseña de uno de los últimos libros que no leí por obligación: Gotas de lluvia quebradas.

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El autor, Xavier Torrents, es un compañero de la web “El Pájaro Burlón”, y mentiría si dijera que si no fuera por esa web me hubiera enterado de esta recopilación de cuentos cortos. Leer más “Gotas de lluvia quebradas: diez relatos entre la ciencia ficción y la fantasía”

Reseña: Medio Rey, de Joe Abercrombie

Medio Rey, de Joe Abercrombie

«Juré vengarme de los asesinos de mi padre. Seré medio hombre, pero pronuncié un juramento entero.»

Yarvi, el hijo menor del rey, nació con una malformación en una mano que ha llevado a todo el mundo, incluso a su propio padre, a considerarlo «medio hombre». Por eso, en lugar de formarse como guerrero, al igual que el resto de varones de su estirpe, se ha dedicado a estudiar para convertirse en uno de los clérigos del reino. Sin embargo, en la víspera de la última prueba para ingresar en esta poderosa orden de sabios, a Yarvi le llega la noticia de que su padre y su hermano han sido asesinados. Él es el nuevo rey.

Pero tras una terrible traición a manos de sus seres queridos, Yarvi se encontrará solo en un mundo regido por la fuerza física y los corazones fríos. Incapaz de llevar armadura o de levantar un hacha, deberá afilar y agudizar su mente. Cuando se juntan a su alrededor una extraña hermandad de almas perdidas, descubrirá que esos compañeros inesperados tal vez puedan ayudarle a convertirse en el hombre que quiere ser. Leer más “Reseña: Medio Rey, de Joe Abercrombie”

Reseña: Ancillary Justice

En un planeta helado y remoto, una soldado llamada Breq se está acercando al cumplimiento de su misión. En el pasado, Breq era Justicia de Toren, una crucero de batalla colosal con una inteligencia artificial que conectaba a miles de soldados que servían al Radch, el imperio que había conquistado la galaxia. Ahora, un acto de traición la ha hecho pedazos y solo cuenta con un único y frágil cuerpo humano, numerosas preguntas sin responder y un ardiente deseo de venganza.

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El 27 de mayo Ediciones B, en su colección Nova, publicará “Justicia Auxiliar” –Ancillary Justice-, primera parte de una trilogía escrita por Ann Leckie. Leí esta novela cuando salió, en 2013, en inglés, pero creo que podré excavar en mi memoria para hacer una reseña que le haga “justicia”.

Era la primera novela de Ann Leckie, y ganó con ella prácticamente todos los premios importantes del género: Hugo, Nebula, Locus y Arthur C. Clarke. Y su secuela vuelve a estar nominada al Hugo por su secuela “Ancillary Sword”. ¿Se merecía esos premios? Pues sin haber leído todos los finalistas, no me atrevo a decir ni que sí ni que no. Vamos con el análisis. Leer más “Reseña: Ancillary Justice”

Reseña: El Rithmatista

Hacía tiempo que tenía pensado hacer una reseña de alguna obra de Brandon Sanderson, uno de mis autores favoritos. Como de mi última visita al templo del frikismo en Barcelona, la librería Gigamesh, salí con el Rithmatista bajo el brazo, me pareció tan buena novela para empezar a hacerlo como cualquier otra.

Sanderson es un autor prolífico que se caracteriza por una gran inventiva en lo referente a la creación de mundos, y concretamente de sistemas mágicos. Ya sea magia con runas dibujadas en el aire (Elantris), alientos coloridos (El Aliento de los Dioses) o metales disueltos o perforados en el cuerpo (Trilogía Nacidos de la Bruma), para cada saga o novela crea un sistema original, muy desarrollado, y explicado en profundidad pero con sencillez. Leer más “Reseña: El Rithmatista”

El Marciano

Hoy os traigo una reseña de una novela de ciencia ficción dura, o “hard sci-fi”: El Marciano, de Andy Weir

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 La ciencia ficción dura es ese subgénero dentro de la ciencia ficción que se ocupa de presentarnos protagonistas apáticos, sin pasado, que casi siempre son científicos, enfrentados a problemas y situaciones que se sostienen en la verosimilitud científica o técnica. El rigor es primordial. Es un tipo de literatura en la que gran parte de la gracia es no entender muy bien lo que te están contando, sentirte un poco tonto cuando la lees, pero más listo que los que no la leen. Los que realmente disfrutan con la ciencia ficción dura me los imagino un poco como un elitista club británico, tomando té con el meñique alzado, y riéndose de Star Wars y las naves espaciales que viajan más rápido que la luz. Esto es una exageración mía, por supuesto. Por mis experiencias a lo largo de los años, la realidad es mucho peor.

En los años setenta, Larry Niven diseñó un mundo anular, y es famoso el conflicto que generó con sus fans, que le escribieron explicándole los errores que había cometido. Se rumorea que incluso por los pasillos de una convención de ciencia ficción en 1970  gritaban: “¡El mundo anillo es inestable! ¡No se sostiene!”. Leer más “El Marciano”

EL HIJO DE LA BESTIA y otros relatos de terror y sexo extravagante

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“Se subieron encima de mí y a mi alrededor, los siete. Tuve la sensación de que me asfixiaba bajo toda aquella carne sudorosa de hombre. Bradley me penetró por detrás; George Cartin me penetró por delante. Dos de ellos embutieron sus miembros en mi boca, hasta que tuve la sensación de que me ahogaba. Dos de ellos forzaron sus penes por mis orejas. Los otros dos se masturbaron rozándose contra mis pechos.”

Extraído del relato Objeto Sexual, incluido.

Hace unos días por fin encontré tiempo y ganas para comprarme “El Hijo de la Bestia y otros relatos de terror y sexo extravagante” de Graham Masterton, que la editorial Valdemar publicó  en su sello Insomnia en diciembre de 2013. Leer más “EL HIJO DE LA BESTIA y otros relatos de terror y sexo extravagante”

Crónicas del Silo: Espejismo, Desolación y Vestigios

Hugh C. Howey es el autor de la llamada “Trilogía del Silo”, compuesta por las novelas “Espejismo” (Wool), “Desolación” (Shift) y “Vestigios” (Dust). Las dos primeras han sido ya publicadas en nuestro país por la editorial Minotauro, y la tercera tiene como fecha prevista de su publicación el 7 de octubre de 2014.

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El autor alcanzó el éxito con esta trilogía, de una forma poco común: la autopublicación, a través de Kindle Direct Publishing en 2011. Escribió un primer relato corto, que narraba la historia del Sheriff Holston en el Silo, y fue tal el éxito que alcanzó que las opiniones positivas comenzaron a crecer a un ritmo espeluznante, lo que provocó que el autor continuase la historia añadiendo más capítulos y personajes. Y así hasta llegar a más de 800.000 ejemplares vendidos, convirtiéndose en un best-seller, a base de esfuerzo y críticas positivas. Como digo, es una novela autopublicada, así que en su inicio no tuvo el respaldo de ninguna gran editorial que nos colase su publicidad hasta en la sopa, y se saltó los típicos intermediarios que existen en estos casos.

Hay quienes comparan la trilogía con otras grandes obras de la ciencia ficción distópica, como 1984 o Un Mundo Feliz. La verdad es que no se pueden comparar, y tales intentos no dejan de ser un exceso de marketing bastante desproporcionado. La novela es ciencia ficción distópica, concretamente post-apocalíptica… pero ahí acaban todas las coincidencias. La saga que comienza con Espejismo se caracteriza por un ritmo rápido, centrado en los continuos giros argumentales, y no tanto en el mensaje o en hacer crítica. Además, aunque no se puede negar que hay cierta crítica social, en realidad lo que destaca de esta obra es su capacidad para sorprender, encadenando giro tras giro, con unos personajes con los que es fácil empatizar, y sufrir. Es diversión rápida, de consumo ansioso, de “un capítulo más y me voy a dormir”, de la que genera ojeras.

Desde el inicio el autor nos dejará caer en un silo subterráneo de decenas de pisos, y nos sentiremos irremediablemente desamparados; una ciudad con sus diferentes clases sociales estratificadas y organizadas, dirigidas por los informáticos que viven en los niveles superiores, y autosuficiente. Los pisos se comunican únicamente por una escalera situada en el centro del silo, que sirve de eje vertebrador. Un desastre de que no sabemos nada ha convertido el exterior en una amenaza mortal. Y los condenados a muerte deben salir al exterior enfundados en unos trajes que apenas bastan para protegerles unos minutos. Cada habitante del silo que es condenado de tal manera debe utilizar un paño de lana –de ahí viene el título original, Wool – para limpiar los visores de las cámaras que permiten contemplar la superficie devastada y árida. Y todos lo hacen, a pesar de que no tiene mucho sentido.

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La novela comienza con el sheriff Holston pidiendo lo inimaginable. Quiere salir al exterior. Y a partir de ahí acompañaremos a los personajes en su descubrimiento de cada una de las mentiras que rigen sus vidas. La segunda parte, Desolación, sirve para presentar al lector el origen del Silo, en una época anterior al desastre. Y Howey, aunque en ocasiones no es todo lo claro que debiera, y a pesar de que es un narrador algo tramposo, también hay que reconocerle que se atreva a responder a casi todos los interrogantes que el mismo plantea, algo que no todos los autores hacen. Desolación finaliza en el mismo punto que Espejismo, y a partir de ahí entra en juego Vestigios, la tercera parte, que continua donde las dos anteriores se quedaron, hasta alcanzar la conclusión.

Por buscar un símil televisivo, las Crónicas del Silo recuerdan un poco al modus operandi de los guionistas de Perdidos: presentar una sucesión de giros, cliffhangers y sorpresas que a su vez generan más interrogantes, con la esperanza de mantener en vilo al espectador ad aeternum. Pero a diferencia de la serie de televisión, los interrogantes en las novelas que nos ocupan suelen ser desvelados de forma más o menos creíble, y confluyen en un final que da respuesta a todo. Y no creo ser el único que encuentra similitudes con Perdidos, pues la tipografía de la edición de Minotauro, sumado a las portadas tan “de best seller”, ambiguas, de letras grandes y citas lapidarias, son una declaración de intenciones. Como referencia, diré que la atmósfera cerrada y opresiva, en el interior del silo, recuerda a la saga de videojuegos Fallout, algo que el propio autor reconoce. A mí personalmente me repele cuando una novela exuda tanto marketing agresivo, sobre todo cuando está claro que la portada y el interior no parecen encajar entre sí.

Ridley Scott parece ser que vio potencial en la saga, pues adquirió los derechos para rodar una película –lo cual en realidad no quiere decir que se llegue a realizar, pero es algo notable- y en breve se lanzará el comic. Y es que la historia que presentan las tres novelas tiene mucho potencial “palomitero”.

Como curiosidad, diré que Howey mantiene los derechos digitales de las novelas, lo cual, según él mismo dijo en la presentación de Espejismo en la antigua librería Gigamesh, le ha hecho muy rico: “Rechacé ofertas de 6 cifras, y mi mujer me dijo que estaba loco. Ahora, con 7 cifras en mi cuenta bancaria, me puedo permitir rechazar cualquier oferta”. La novela ha sido traducida a 24 idiomas, ahí es nada. Y es que al americano no se le puede negar una gran visión comercial, además de chulería. Por ejemplo, el hecho de ofrecer de forma gratuita el primer relato corto, autoconclusivo. Él dice verlo como cuando pruebas una demo de un videojuego.

Así que mi consejo es muy sencillo: leedlo, que no os costará un miserable euro –buscadlo por Espejismo 1 en la web de Amazon.es -, y si no os engancha, no perdáis más el tiempo. Pero si lo hace, la trilogía completa, a pesar de sus altibajos, mantiene casi siempre el mismo nivel de emoción, y no defraudará.

Carlos Díaz.

La carretera (The Road, Cormac McCarthy, 2006)

La carretera. Una de las pocas novelas de género que ganó el prestigioso premio Pulitzer, y lo hizo  en 2007. Y de forma muy merecida. La carretera es una fábula, una alegoría de la condición humana, y del amor paternal. Y todo ello revestido de una pátina de desasosiego y desesperanza. Es una novela corta que está barnizada de un horror lento, que te carcome.

Un padre y un hijo (anónimos, no nos importan sus nombres), caminan por las desoladas carreteras de unos Estados Unidos post-apocalípticos. No nos importan los nombres, porque el autor los pone como protagonistas, pero son secundarios. Es la soberbia ambientación, romántica, oscura, desgastada y terrible, la verdadera protagonista. El lector avanza por un páramo junto a ellos, y es imposible no preguntarse qué haría en esa situación. Es difícil no detenerse unos minutos, y pensar que el suicidio no es una mala salida. Que el horror, la enfermedad, el frío (capaz de partir piedras) es demasiado duro. Y todo con una prosa lírica y sencilla. Evoca con pinceladas simples toda una amalgama de sentimientos. A veces se detiene en exceso, por ejemplo describiendo los laberínticos patrones de los lomos de las truchas que nadan… pero todo tiene un motivo. ¿Qué ocurrió? ¿Por qué el mundo se fue a la mierda? No importa tampoco, porque la novela es intimista. Es un drama postapocalíptico para pensar en el horror del género humano. Y Cormac no teme horrorizar. Hay caníbales, sí… pero no son zombies o infectados  sin nombre que corren o se tambalean hacia los protagonistas. Son personas que han caído en un pozo terrible, y han visto que esa es su única salida. Y el padre y el hijo cuelgan por las yemas de los dedos de ese abismo.

Tiene, pegas, por supuesto. La primera es que si no se entiende como una fábula, y se espera una  novela de salvajes a lo Mad Max en un invierno nuclear, o de infectados que corren con armas oxidadas, o de esclavos utilizados como despensas o ganado, o de cualquier cosa similar, se va a llevar un chasco. Porque sí, hay todo eso, y mucho más. Pero la supervivencia, que es la meta del padre y el hijo, no es una excusa para hacer una novela de acción. Es una excusa para desgranar retrospecciones en forma de pequeñas escenas autoconclusivas, flashbacks con su propia moraleja, que van añadiendo clavos a la muerte de la esperanza. Y el lector cada vez se sentirá más enfangado, paralizado en melaza, como un insecto en ámbar.

Es una novela lenta. Muy lenta. Puede llegar a aburrir si se espera algo “palomitero”. Quien busque escenas rápidas, y acción se va a llevar un chasco. Son 224 páginas de dos personas andando. También es una novela muy dura. Porque te hace pensar, y si el lector tiene hijos, igual sentirá ganas de llorar, o de decir a sus hijos que les quiere. Con eso en mente, que cada cual tome su decisión.

Del autor diré que McCarthy está considerado uno de los mejores escritores de su tiempo, y se le ha comparado hasta la saciedad con William Faulkner. Es un escritor pausado, detallista, y muchas de sus obras han sido llevadas al cine. La que nos ocupa también: (The Road (La carretera), por John Hillcoat, protagonizada por Viggo Mortensen, Kodi Smit-McPhee, y Charlize Theron), pero seguro que cualquiera ha oído hablar de No es país para viejos, basada en otra de sus novelas. La película de La carretera cumple de forma honrosa… pero la prosa de McCarthy es imposible de trasladar a una pantalla.

En resumidas cuentas, una novela dura, muy dura, sin necesidad de describir de forma explícita lo horrible de lo que sucede. Aunque también tiene algunos momentos “gourmet”. Una novela para pensar un poco, y sufrir.

Carlos Díaz