Que mierda…

…pensó Marcos al salir de la boca de metro y ver el panorama del barrio donde trabajaba. Por el camino evitó las baldosas sueltas y encharcadas con la cautela de un artificiero, los coches sucios, y las personas grises con paraguas plegados. Los contenedores repletos de bolsas de basura se apilaban junto a un buzón amarillo, cubiertos por una patina de fango. La lluvia de la noche había provocado que la ciudad pareciese una foto de instagram editada con un filtro de barro. Pensó que todo parecía bañado por una extraña diarrea inodora, y miró al cielo, incapaz de contener una sonrisa al imaginar el culo de dios entre las nubes plomizas. Y es que la relación entre lo humano y lo divino era una parte fundamental del trabajo de Marcos, ya que era el secretario del colegio San Rafael Mártir.

Subió las escaleras de entrada de dos en dos, pasó bajo el lema en latín de la orden monacal que administraba el colegio, saludó a un par de profesoras, y entró en su despacho. Sobre su mesa, encontró una nota. La leyó. Leer más “Que mierda…”