La Hija del Dragón.

flor de cerezo

La luna llena iluminaba cada rincón del jardín interior de la casa. Tan sólo se oía el rumor de las hojas de un cerezo al mecerse con la brisa que refrescaba la noche y el murmullo del agua de un arroyo. Takezo preparaba los utensilios: unas agujas de madera, unos botes de tinta negra, verde y roja, unos guantes de látex… cuando la vio aparecer por el camino de grava blanca acompañada de su padre. No la había vuelto a ver desde que era una cría, ahora andaría por los veinte. Su cuerpo, bajo un kimono blanco, se adivinaba menudo, nada exuberante. Pero había algo en ella que atraía. Su pelo, completamente liso y negro, descansaba sobre sus hombros. Aún mantenía ese flequillo recto que encuadraba su cara redondeada y medio tapaba sus ojos. Unos ojos ligeramente rasgados y de color verde intenso. Takezo se fijó en una caja que llevaba Ryûko. Era una caja de madera, no muy grande, con decoraciones florales pintadas a mano. Leer más “La Hija del Dragón.”